Un texto de 1999
Con esto de la mudanza a Dublín, pero sobre todo porque en casa también se mudan a otro lugar con menos espacio, estoy haciendo inventario y limpieza de todas mis posesiones, y deshaciéndome de todo aquello que no es imprescindible. Me deshago, entre otras cosas, de mis apuntes, de la carrera y también de bachillerato. Me ha costado hacerme a la idea, pero lo cierto es que no iba a mirarlos nunca más, excepto de darse circunstancias en las que —aventuro— más me valdría no hacerlo.
En cualquier caso, en la carpeta del curso 1999-2000, el último de bachillerato, ha aparecido entre los apuntes el siguiente texto. Por aquella época yo estaba obsesionado con escribir, y escribí mucho. Bueno, empecé muchos textos, y acabé pocos (y no son los mejores, I’d say). La mayoría los escribí con el ordenador (¡en el Word!), y no tengo ni idea de por dónde paran todos esos borradores. Éste ha aparecido en papel, y lo comparto aquí antes de mandarlo a reciclar. No lleva título.
Camina entre la gente con su cigarro liado en la mano. De cuando en cuando, una calada. Corta, fugaz, y tragando el menor humo posible: hay que cuidarse. Le gusta el tabaco liado. Especialmente ese día. Llevaba un cabreo muy grande en el cuerpo, y ahora se dedicaba a mirar a la gente poniendo los ojos vidriosos, como si estuviera drogado. Pensarán que llevo un porro, piensa.
En la parada del autobús, la chica que está a su lado se come una hamburguesa. Le viene a la cabeza un insulto contra el capitalismo del McDonald’s. Lo que pasa es que no tiene dinero para comprarse una. Si lo tuviera, a buena hora se metería con el sistema. Se calla el insulto y se dedica a mirar furtivamente a la chica, fumando. Todavía el mismo cigarro: los liados duran más. A su otro lado, un viejo fuma un Ducados. Mismo juego: miradas vidriosas.
Ya llega el autobús. Mierda, todavía no me he acabado el cigarro. Le pega una última calada, más profunda (nota el humo penetrando hasta lo más íntimo de sus pulmones, de su ser). Mientras sube al autobús, expira el humo. Le gusta el efecto que produce: “Macarra de ceñido pantalón...” Hoy le apetece ir de duro.
Update (19:45): Al final he decidido no reciclarlo y guardarlo en otra carpeta que ha aparecido con random papeles, entre ellos un diario de enero de 2000 relatando mis desamores de la época.